Cuántos de nosotros no citamos constantemente a nuestras abuelas, sobre todo las abuelitas latinas, ésas que nos daban chancletazos, nos correteaban por la casa, nos servían comida a cualquier hora –sin importar si teníamos hambre o no- , nos hacían cualquier tipo de preguntas y ellas mismas se daban las respuestas.

En mi caso, llevo a mi abuela, sus manías, tradiciones, supersticiones y consejos tatuados en la piel. Al igual que ella, apenas abro los ojos y salto de la cama lo primero que hago es arreglarla. Antes de cepillarme los dientes, antes de cualquier cosa: arreglo mi cama. Esa costumbre, al igual que tantas otras, me vienen de Pastora.

Cuando Mariela Rosario, me envió este vídeo casi me muero de la risa. ¡Yo amo a las abuelas latinas! Lo vi una y otra vez, hasta que empecé a ver en esta adorable doñita mi retrato –y no lo digo por la edad- sino por la actitud. Esta señora, cuyo acento la delata caribeña, ¡soy yo! Sí, no he pisado la cuarta década y digo las mismas cosas que ella, hago las mismas preguntas indiscretas a mis sobrinas: “¿por qué estás tan gorda?, ¿por qué estás tan flaca?... o les cuestiono la vestimenta. He amenazado a mis hijos con tirarles una chancleta, cuando están demasiado majaderos y al igual que ella pienso que el “café nos mantiene vivos”.  Eso lo sabe cualquiera que me conoce…

En esta señora también veo a mi mamá, a mi tía Zaida y a muchas de mis amigas. En su preocupación porque su familia se alimente correctamente, en las conversaciones banales que sostiene telefónicamente –seguramente con algún hijo-, en esa actitud de matriarca que trata de imponer su autoridad, pero a la vez clama compañía. En dos platos, esta abuelita del vídeo es una latina con todas las letras y, seguramente aunque nos cueste reconocerlo muchas de nosotras seremos así.

¿Tu abuelita se parece a la del vídeo?